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Cinco razones para reducir las grasas trans si buscas estar en forma
Nutrición

Cinco razones para reducir las grasas trans si buscas estar en forma

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Seguramente has oído hablar de las grasas trans, un tipo de grasas que por sus efectos negativos, resultan las menos recomendables para incluir en nuestra dieta diaria. Para que sepas lo mucho que puede afectar al organismo humano su consumo, te mostramos cinco razones para reducir las mismas si buscas estar en forma.

Cinco motivos para decirle NO a las grasas trans

¿Sabes que son malas para la salud pero no sabes exactamente por qué? Aquí dejamos los principales motivos por los que deberías decirle NO a las grasas trans en tu dieta habitual:

  • Podrían ocasionar aumento de peso quizá debido al poder inflamatorio que tienen en el organismo, pues aunque como otras grasas aportan 9 Kcal por gramo, éste tipo de lípidos y no los ácidos grasos insaturados fueron asociados a incremento de peso corporal en un estudio publicado en la revista Obesity.
  • Favorecen la presencia de barriga, pues científicos observaron en 2007 que la ingesta de grasas trans promueve los depósitos de grasa a nivel abdominal y ello, se vincula a riesgo de sufrir enfermedades metabólicas como la diabetes.
  • Contribuyen al estrés oxidativo del organismo según señala una investigación publicada en Nutrition and Metabolism, es decir, producen el efecto contrario a los antioxidantes en nuestro cuerpo, por lo que, no sólo incrementan el riesgo de sufrir enfermedades sino también, perjudican nuestra estética.


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  • Incrementan el riesgo cardiovascular y de diabetes por su poder oxidativo que afecta cada célula del cuerpo así como por su vínculo con la mayor grasa abdominal y peso corporal. Se ha observado una asociación entre la ingesta de grasas trans y enfermedad coronaria, muerte súbita por causas cardíacas y diabetes.
  • Perjudican el funcionamiento cerebral, concretamente porque pueden ocasionar una pérdida de memoria a causa del estrés oxidativo que provoca en las células del cuerpo tal como concluye un estudio publicado por la American Heart Association.

Éstas son cinco buenas razones para reducir las grasas trans en tu dieta diaria si buscas estar en forma cuidando tu cuerpo tanto por dentro como por fuera.

Recuerda que el poder proinflamatorio y oxidante de las grasas trans es responsable de sus diversos efectos negativos en el organismo humano que no sólo puede enfermarnos sino también, perjudicar nuestra apariencia física.

¿Cuántas grasas trans puedo consumir?

Dados los diferentes efectos negativos de las grasas trans sobre nuestra salud y los nulos beneficios que aporta su consumo, el último Consenso de la FESNAD sobre las grasas para la población española indica que la ingesta de este tipo de lípidos debería ser lo más baja posible e idealmente no superar el 1% de la energía de la dieta diaria.

Esta recomendación coincide con la Asociación Americana de Dietética que señala que en una dieta promedio de 1800 Kcal por día, máximo se deberían consumir 2 gramos de grasas trans.

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En definitiva, a diario deberíamos limitar todo lo posible este tipo de grasas que pueden perjudicar nuestros intentos de estar sanos, bellos y en forma de diferentes maneras.

Cómo reducir las grasas trans

Si ya tienes buenos motivos para alejarte de este tipo de grasas, debes saber cómo puedes reducir su ingesta.

Un gran recurso es evitar los alimentos procesados o de origen industrial, pues son éstos la principal fuente de grasas trans en nuestra dieta. Así, podemos buscar en el etiquetado aquellos alimentos sin grasas trans o que no poseen entre sus ingredientes ácidos grasos hidrogenados o aceites parcialmente hidrogenados.

Entre los alimentos procesados que contienen grasas trans se encuentran galletas, cereales de desayuno, snacks comerciales, bollería, barritas de cereales, margarinas, helados y muchos otros productos más, por lo que, evitando estos y otros alimentos de origen industrial podemos lograr un gran cambio.

Bibliografía consultada | Obesity, Volume 15, Issue 4, April 2007, Pages 967–976; Obesity, Volume 15, Issue 7, July 2007, Pages 1675–1684; Nutrition & Metabolism, 2011, 8:65, DOI: 10.1186/1743-7075-8-65; N Engl J Med 2006, 354:1601-1613, April 13, 2006, DOI: 10.1056/NEJMra054035; AHA’s Scientific Sessions 2014; y Journal of the American Dietetic Association, Volume 106, Issue 9, September 2006, Pages 1507.
Imagen | iStock

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