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Vestirse para trabajar

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Hace poco, hablando con un amigo, me comentaba que había cambiado de estilo de vestir para trabajar, que él antes era modernito. Le miraba y no salía de mi asombro, pues representaba perfectamente el clásico niño pijo andaluz™. Que no es que vistan mal, ojo, es que son tan… aburridos. Y así hay muchos que, al incorporarse al mercado laboral, ven que su ropa destaca demasiado y se adaptan a la moda imperante.

Cuando uno tiene que cuidar su imagen para ir a la oficina, sin llegar a vestir traje, las posibilidades se reducen y muchos acaban vistiendo el mismo modelito en mil colores lisos: pantalones beiges de pinzas, camisa de manga larga por dentro (rayas o cuadros, a elegir, pero un solo color), cinturón oscuro y zapatos no necesariamente a juego; chaleco, chaqueta o chaquetón, según el tiempo. El pantalón beige puede ser sustituido por unos vaqueros en días de fiesta.

El problema no es que un hombre vista así, el problema es que todo un sector de la población entre 25 y 45 años lo haga, día sí y día también, y que los cachorros que se incorporan sientan la necesidad de adaptarse a esa moda dominante. Seguro que un antropólogo tiene mucho que decir aquí (¿alguien dijo Temperance Brennan?), pero por lo pronto me limitaré a la tarea autoimpuesta de llevar algo de variedad a las oficinas del planeta.

Intenté pensar en un nuevo vestuario para mi amigo. Improvisando un poco, que no se diga. Se me vino una imagen a la cabeza: americana, camisa abierta con camiseta debajo, vaqueros con cinturón (la importancia del cinturón como accesorio, ¿algún compañero se anima a dedicarle una entrada?), zapatos de vestir de media punta. Listo. Lo reconozco: lo mío con House tiene delito, pero me parece una elección bastante buena para un joven emprendedor, con ese toque rebelde que a mí me encanta. Pero lo cierto es que no todos se atreverían a un cambio tan radical.

Otra alternativa que he encontrado cotilleando por ahí (esta vez en la web de Burberry. Sí, he apagado la tele por un ratito), nace de la reinterpretación de los clásicos. Hoy he descubierto que, en realidad, la moda es la rama artística de la probabilidad, así que enhorabuena: a partir de ahora leer esta página equivale a estudiar matemáticas. Los elementos están claros (camisas, pantalones, chaquetas, zapatos y complementos), y en realidad no hace falta ir de excéntrico por la vida para vestir bien y moderno. Se trata simplemente de un ejercicio de combinatoria. Os lo explicaré viendo el ejemplo de Burberry.

burberry 08 09

Ignoremos de momento el gorro. De momento y por siempre porque es horroroso (¿una borla? ¿en serio?). Por lo demás tenemos unos pantalones rectos grises (ahora mismo no sé si es que los pantalones son acampanados o el modelo es zambo, pero vamos a imaginar que son rectos), una camisa de cuadros, un fular bufandoso, unos zapatos de vestir y una chaqueta. La clave: la chaqueta y la estructura. Cambiamos un poco la clásica chaqueta y apostamos por un corte diferente, nos sacamos la camisa de dentro de los pantalones y ¡presto! Lo demás es lo mismo de siempre, pero parece un conjunto completamente nuevo.

Aún menos riesgo. Veamos esta foto sacada del catálogo de Springfield (la tienda, no la ciudad).

springfield catálogo otoño 08 09

Esta vez es claramente lo mismito de todos los días pero, ¿a que parece diferente? La clave: los estampados y los colores. Los pantalones, si os fijáis, tienen una especie de dibujo a cuadros muy sutil, lo justo para no resultar llamativo y al mismo tiempo escapar del sopor absoluto de la ropa de diario. Luego, para compensar, tanto la camisa como el jersey son en tonos complementarios al pantalón, y su secreto está en la línea verde, que da fuerza a un marrón y a un azul que de otro modo no dirían nada.

Así que, resumiendo: aunque existen ciertas normas no escritas de cómo debe vestirse uno para trabajar, encontramos nuestro margen de maniobra no en la excentricidad sino en la sencillez, adoptando los mismos elementos que todos los demás pero apostando por estampados diferentes – que no atrevidos, evitemos desgraciar la vista a nuestros compañeros, compensando los colores muertos con otros más vivos, incluso dentro de la misma pieza – de nuevo, piedad para los ojos ajenos, vivo no es sinónimo de chiillón , y desencorsetando la estructura con el detalle más tonto pero más efectivo del mundo: la camisa por fuera.

Imagen | Ralph Lauren, Burberry, Springfield

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