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¿Por qué vestir bien?

¿Por qué vestir bien?
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El post que escribieron el otro día mis compañeros Bernatt me ha hecho pensar (os recomiendo que lo leáis si no lo habéis hecho ya). En él se planteaban por qué el interés que muchos de nosotros tenemos por la moda es considerado por el resto como un gusto frívolo, superficial y prescindible. Hoy quiero continuar con esa línea de pensamiento y dar un paso más: ¿por qué hay que vestir bien? ¿Es de verdad necesario preocuparnos por lo que nos vamos a poner? ¿Es un hábito superficial el preocuparnos por nuestra apariencia constantemente?

No soy antropólogo ni sociólogo, pero tampoco hacen falta muchos estudios para saber que desde que alzamos nuestra columna vertebral y nos convertimos en bípedos, el ser humano siempre ha intentado diferenciarse. Que me perdone Arsuaga si me estoy columpiando en algo que no me atañe, pero desde tiempos inmemoriales, el hombre ha usado pieles, pinturas y ornamentos para decorarse a sí mismo y buscarse una seña de identidad dentro de su grupo.

A lo largo de los siglos, la ropa ha servido para diferenciarnos. El porqué de esta necesidad imperiosa no lo tengo, pero puede que haya sido la forma más fácil de hacer nuestra identidad reconocible para el resto. El chamán de una tribu, el esclavo egipcio o el emperador romano se han distinguido siempre de los demás a través de sus vestimentas. Sólo de esa manera podían identificarse sin problema y, lo que es más importante, demostraban ante los demás el poder que tenían. La ropa como seña de poder.

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Desde el señor feudal que cuidaba de sus riquezas en el castillo, revisando una y otra vez sus armaduras, hasta el director de un imperio bursátil con su traje de chaqueta de Ferragamo, todos queremos brillar por encima de los demás por mera competitividad animal. No sé hasta qué punto será esto así, pero por alguna razón, todos tenemos en nuestro interior un instinto más o menos evidente de sobresalir sobre la gran masa social. ¿Por qué usamos la ropa para este fin? Puede que sea la forma más fácil y rápida, incluso la más eficaz para llegar a un gran público. Nadie puede ir por la calle presumiendo de tener dos carreras, un gran puesto de trabajo o un chalé en Menorca (puedes intentar ir gritándolo con un megáfono, pero creo que la gente te miraría mal), algunos por falta de megáfono y otros por no tener precisamente de qué presumir. La ropa, sin embargo, nos permite proyectar en los demás la imagen que queramos de nosotros mismos. Nos permite reflejar toda la prosperidad que tenemos e, incluso, la que no tenemos, de una forma fácil, tan solo a un golpe de vista de los transeúntes con los que nos cruzamos.

¿Nos vestimos bien por dar la imagen que queremos al resto? Por supuesto. ¿Es superficial preocuparnos por lo que nos vamos a poner cada mañana? Sí. ¿Es superficial ver un reality show en la tele mientras cenamos con nuestra pareja? Sí. ¿Es superficial interesarte por el mundo del automovilismo? Sí. ¿Es superficial organizar una boda? Sí. ¿Es superficial la jardinería? Sí. La vida está llena de superficialidad, pero eso no es malo. No sé vosotros, pero creo que ni el mismísimo Leonardo da Vinci podía estar todo el día inventando. Supongo yo que gran parte de su día lo invertiría en el ocioso arte de no hacer nada. No hay que estar los 365 días del año planteándonos dilemas existenciales, leyendo sobre física cuántica o yendo al teatro. La superficialidad nos evade y no hay que tomarlo como algo malo, sino todo lo contrario. La superficialidad nos evade de lo realmente importante, le quita hierro a nuestras vidas y nos permite disfrutar.

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Un hábito superficial no hace a una persona superficial. Cuando a un chico le gusta la moda, ese hecho concreto no le convierte en una cabeza hueca sin personalidad. Es compatible el gusto por la moda con otras aficiones o con otros modos de ver la vida que equilibren el conjunto. En su post, Bernatt se quejaba de ser tachado de superficial por los demás si decía que para la próxima temporada las plumas iban a ser el elemento estrella. Puedes ser superficial si las plumas ocupan el eje central de tu vida. Como, a menos que seas una famosa editora de Vogue, la moda no ocupa el centro de ninguna vida, nadie debe ser considerado superficial porque le guste ver en Youtube el vídeo del último desfile de Chloé.

¿Es prescindible la moda? Sí. ¿Es prescindible disfrutar? No.

En Trendencias Hombre | ¿Por qué es tan poco valorado el mundo de la moda?

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