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Exceso de perfección

Exceso de perfección
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En Mensencia nos pasamos la vida recomendando trucos para vestir mejor, para tener mejor la piel, para mejorar la impresión que causamos en los demás, lo que se lleva y lo que no, lo correcto y lo incorrecto desde los cánones de la moda aplicando un poco de sentido común. Muchos incluso nos habéis agredecido el trabajo que realizamos aquí (gracias a vosotros, chicos, que sois los que hacéis que esto valga la pena).

Sin embargo, hay algo que no os hemos dicho nunca y que el otro día me saltó a la cara mientras paseaba por la calle. Sí, lo sé, a muchos os va a parecer una estupidez pero es importantísimo. A otros tantos os va a resultar contradictorio. ¿Pero no me dijo ella misma el otro día que cuidado con qué corbata me iba de fiesta, a ver si iba a dar el cante? Pues sí, os lo dije, pero la misma que escribió aquello escribe hoy esto otro: el exceso de perfección es un error en sí mismo.

Suele pasar cuando uno se inicia en este mundillo del vestir y del cuidarse. Es normal. Te emocionas, con tu peine, con tu espuma, con tus flamantes compras. Porque ahora llevas ropa que realza tu trasero, porque tu chaqueta nueva hace que tu torso parezca el de un adonis (nunca se valorará suficientemente una prenda bien cortada), y con tus nuevas gafas de sol vas que deslumbras (qué ingenioso juego de palabras el mío).

Sin embargo, aunque se llama inmediatamente la atención tanta perfección provoca, en la gente normal, un efecto contrario al deseado: asusta.

Probablemente lo hayáis observado vosotros mismos antes pero nunca lo hayáis puesto en palabras. Fijaos en los jugadores de fútbol, en la diferencia de clase entre unos y otros. Mientras los hay que parece un poco gigoló con tanta metrosexualidad, otros van de punta en blanco sin parecer un petimetre. ¿Cuál es entonces el límite? ¿Dónde radica la diferencia?

No lo negaré, es complicado. Por lo general hay que dejar cierto margen a la naturalidad, a lo espontáneo. Si se nos mueve un pelo, no pasa nada. Tampoco es recomendable ir siempre a la ultimisíma moda. Es mejor abogar por la intemporalidad. Ya sabéis, aquello de que las modas cambian muy deprisa mientras que el verdadero estilo evoluciona despacio.

Cuidado con las mechas y demás productos capilares. De esto os vamos a ofrecer un post pronto, pero de momento yo no las recomiendo. Mucho menos las rubias sobre pelo castaño: en lugar de darle movimiento, provocan el efecto yoni.

En moda menos es más, y esto habrá que tenerlo bien presente a la hora de elegir los complementos. Si llevas un pañuelo, no lleves también sombrero, sobre todo si no eres un patriarca gitano. Collares sí, pero evita los oros.

Como en todo, en el punto medio está la virtud. Sobrecargar un look es siempre destrozarlo, ¡con el trabajo que nos ha costado!

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