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De péndulos, actitudes y camisetas de Mickey

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Una de las pocas cosas que recuerdo de la asignatura de Sociología de la facultad es la explicación que un día el profesor nos dio sobre la moda. Dijo que ésta era como un péndulo que cuando está en el extremo inicial y empieza a caer, se reserva solo para aquellos privilegiados que están al tanto de las tendencias y pueden permitirse adquirir lo que ven en las pasarelas. A medida que el péndulo se acerca al extremo final, las tendencias llegan a más personas cada vez, hasta que pasado un cierto tiempo ya se ha difundido totalmente.

Es entonces cuando lo que te hacía diferente se convierte en popular y ya no marca diferencia alguna. Y el péndulo, por su propio movimiento, vuelve a su posición primera y de nuevo los privilegiados vuelven a adoptar lo que resulta novedoso.

Estas ideas, que imagino que se asientan sobre una teoría sociológica mucho mejor explicada de lo que yo lo he hecho, me hicieron pensar bastante en su momento y aún lo siguen haciendo, sobre todo porque el cuento, o al menos los tiempos en los que se desarrolla, ha cambiado bastante. Y sí, Inditex, entre otros imperios textiles, ha tenido mucho que ver con ello.

Ahora el péndulo vuela a una velocidad de vértigo. Si D&G nos propone en su colección de Otoño/Invierno la combinación de pijama de cuerpo entero, con camiseta de Mickey debajo, botas y maxi bufanda, a los pocos meses encuentras el look completo en Zara. De este modo, lo que antes se reservaba a privilegiados, ahora está al alcance de cualquiera en un tiempo récord y por menos de la cuarta parte de lo que te cobrarían los diseñadores italianos.

Y esto que, por supuesto, es una maravilla – Dios salve a las empresas low cost -, también supone un esfuerzo mayor por parte del consumidor para marcar la diferencia. Una diferencia que poco a poco se logra con el buen gusto, con el sacarse partido, con el conjuntar adecuadamente o con el utilizar complementos. Pero por encima de todas las cosas, esa diferencia se consigue con la actitud.

Sí, esa que parece estar detrás del éxito de cualquier aspecto de la vida, también es fundamental a la hora de vestir. Cada vez tengo más claro que no sirve de nada gastarse grandes cantidades de dinero en ropa, si después tu pose ante la vida no es la adecuada. Y por pose no me refiero a una actitud snob o de superioridad, ni muchísimo menos. Al contrario, diría yo. Tener estilo no significa ir con una cara perpetua de oler a ajo – por no decir una cosa peor -, es transmitir seguridad de lo que se lleva puesto, es pisar con firmeza pero sin avasallar, es saber estar en cada situación y es potenciar todo lo bueno de la personalidad propia.

Y, por supuesto, divertirse y experimentar. Aunque haya veces en las que no se acierte. Aunque para ello haya que olvidarse de las normas. Total, lo que ayer estaba prohibidísimo, mañana será tendencia. El péndulo es así, va y viene sin parar, y cada vez más rápido. No queda otra que agarrarse a él y disfrutarlo.

Imagen | Style.com

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