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¿Abrocharse o no abrocharse el botón del cuello? He ahí la cuestión

¿Abrocharse o no abrocharse el botón del cuello? He ahí la cuestión
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Lo habremos visto en infinidad de ocasiones y, mientras que a algunos no hay manera de engañarles y decirles que les queda bien porque se nos ve en la cara, a otros misteriosamente les sienta como un guante. Yo en la intimidad y en frente del espejo lo he intentado y, por gracia o por desgracia, no ha habido suerte.

Tan solo algunos han tenido la osadía de no desabrochárselo y salir a la calle con él ¿Pero por qué? ¿Qué es lo que falla? Vergüenza, falta de confianza, porque la edad no acompaña, porque se ve como una catetada... o sencillamente porque nos quedaba como un puñetazo en el ojo ¿O será que en verdad no sabemos como hacerlo de manera correcta?

¿Por qué se ha puesto de moda?

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Antes de nada me gustaría lanzar una pregunta al aire ¿Sabe alguien de dónde viene esta curiosa moda? Tranquilos que yo mismo la respondo, que para algo le he dedicado el post al tema. Si queremos conocer los orígenes de la misma deberemos remontarnos al pasado y más en concreto a los años 60. Fue en esa época cuando la ropa sport y los modelos descamisados comenzaron a cobrar protagonismo gracias a figuras como las de James Dean que hicieron del casual sport todo un estilo "aceptable" según la sociedad. Y lo que para muchos fue una transgresión en las normas estéticas que hacía tiempo que debía romperse, para otros fue todo un atentado contra el buen gusto.

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Poco a poco y de manera muy individual, pequeños grupos como los Teddy Boys, que posteriormente desembocarían en los Mod's o la estética Rockabilly, intentaron preservar esta antigua costumbre de abotonarse hasta arriba e hicieron de ella todo un símbolo de identidad: patrones estéticos pulcramente establecidos y una rigurosa etiqueta en el vestir que se reconocía en cualquier círculo social.

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Curiosmaente, durante los 90 y principios del 2000, esta tendencia ve de nuevo la luz pero en una versión algo menos correcta de la que acostumbramos a tener ahora de ella: inexorablemente se asociaba a una imagen de chico geek, de nerd empollón que apostaba por patrones clásicos en el vestir y que luchaba por mantener una estética retro que no tenía hueco en la sociedad que rompía tabús a golpe de vaqueros, fandas, medias, camisas y rejillas por doquier. Es por eso que adquirió cierta connotación negativa en el vestir y solo eran unos pocos los que se atrevían a llevarlo.

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¿Qué pasó entonces? Pues que con la llegada de los hipster, de lo vintage y de lo heritage (que ha ocurrido dentro de lo que cabe hace bastante poco), se recuperaron antiguas costumbres y maneras en el vestir, siendo como imaginaréis el botón una de ellas. Y entonces el estilo nerd se empezó a llamar preppy, se depuró y se le dio un toque mucho más elegante y empezó a ser bien visto. Fred Perry, que siempre había apostado por cerrar sus polos hasta el final para hacer de los cuellos un elemento identificativo, se convirtió en una firma adorada por tribus, bandas, hipsters y modernos. Y es cuando el botón, relegado durante 40 años a un segundo y oscuro plano, resurgió de las cenizas como símbolo estético: todas las modas acaban volviendo.

¿Cómo lo combinamos y quiénes pueden hacerlo?

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Ahora bien, ¿cómo combinamos o explotamos esta tendencia? La clave está en cerrar el botón de la camisa de manera casual, que se note que hay una intención en el gesto, una intención de completar el look, de estructurarlo al completo, de contrastar siluetas... pero que no deje de ser una herramienta para formalizar un look informal y convertirlo en algo fácil de llevar en el día a día o incluso en eventos especiales.

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Con ello conseguiremos completar el look y, en muchos casos, darle continuidad a prendas en las que el cuello adquiere una importancia mayor, como ocurre en algunos polos o camisas. En lo que estoy de acuerdo con muchos es que no todas las tendencias son para todas las edad y esta es una de ellas. Hay mucha gente que habrá pasado por esa época en la que llevar el botón hasta arriba era moda y a día de hoy lo ven como una catetada casposa que no tiene cabida en su manera de vestir. Y no solo eso, hay ciertos ambientes en los que llevar el último botón de la camisa abrochado no está bien visto. Llamadlo convenciones sociales, llamadlo falta de mentalidad abierta, llamadlo dress-code... sea como sea pocos serán los trabajos en los que esto se vea correcto.

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Por otro lado, no todas las camisas valen para ello. Lo que está claro es que si nos animamos a llevar esta tendencia de dudoso buen gusto, nuestro cuello deberá ser fino o correremos el riesgo de morir asfixiados por culpa del último botón, al igual que el de la camisa tendrá que ser de la talla justa para que ni quede demasiado holgado ni nos apriete lo suficiente para ir del color de las berenjenas por la calle. Si con todas estas pesquisas, te animas a llevarlo y eres de los pocos afortunados a los que les queda bien, adelante con ello.

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