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Tratamientos corporales en cabina: un recubrimiento de fango marino

Tratamientos corporales en cabina: un recubrimiento de fango marino
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Que levanten la mano los que no han disfrutado nunca de un tratamiento corporal en cabina que no sea un masaje. Ufff no sabéis lo que os perdéis: es relajante, placentero y muy bueno para la piel, por supuesto. Os voy a contar cómo fue mi recubrimiento de fango marino.

Eso sí que es un regalo: un vale por un recubrimiento corporal en un centro estético. Entre las opciones propuestas, escogí el de fango marino porque no había recibido nunca ninguno. ¡Yo que creí que era fango espeso tipo el de guerra de barro!. En fín, una no nace enseñada.

Los fangos marinos contienen una concentración de minerales fantástica para la piel y la colman de beneficios nutrientes. Es como aplicarle una mascarilla concentrada a todo el cuerpo. Se presentan como polvos color cemento y la esteticista añade agua al momento hasta formar una crema líquida.

Fangos marinos

Pero antes de aplicarla, se realiza un peeling corporal para que la piel esté libre de células muertas y la piel pueda absorber eficazmente el producto. Una vez realizado este exfoliante corporal, generalmente pasas por la ducha y ya estás listo para recibir el fango marino.

La aplicación suele ser con las manos aunque puede que utilicen una brocha aplicadora. Una vez el cuerpo bien enfangado, te cubren con un plástico para que el calor actúe de catapultador de absorción por parte de la puiel, incluso encima te colocarán una manta. Se está muy calentito y a gusto: yo me dormí a los cinco minutos.

El olor del fango marino es de mar, of course. Huele a alga, a caracoles de mar, a rocas de la Costa Brava. Tampoco es que sea tan fuerte que maree, ni mucho menos. No creo que fuera a molestar a nadie.

Pero a los 15-20 minutos se acabó la siesta: la esteticista retira la manta y el plástico y otra vez a la ducha. El fango sale por sí solo con el agua, no hace falta enjabonar ni tampoco interesa. Sólo agua, secar y vuelta a la camilla.

Fangos marinos para cabina

El tratamiento termina con la aplicación de una hidratante corporal o, mejor aun, con un aceite corporal. Los productos que utilizaron en mi sesión fueron de Germaine de Cappucini y me gustaron muchísimo. El olor de mi aceite fue suave y agradable. Contenía aceites esenciales especialmente hidratantes y, tras la aplicación, se absorbió rápidamente. Ni rastro de sensación pringosa y una piel extra-suave.

Es un tratamiento cuerpo-mente fantástico, tienes que probarlo. Estos tratamientos suelen duran una hora y media como máximo (y con suerte) pero parece que hayas estado en la camilla más tiempo. Y si tu esteticista te aplica el aceite en la espalda con un masaje final, no quieres volver a casa.

El centro donde acudí es de esos con piscinas y chorros de agua. El tratamiento lo dejas para el final por lo relajante que resulta pero sobretodo por no tener que ducharte tras el recubrimiento. Sería una pena perder parte de los productos, mejor dejar la piel absorber todo lo que pueda. No hace falta lavarse porque te han hecho un peeling corporal: estás más que limpio.

Foto | Magma
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