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Ligar en la oficina: pensemos en los pros y contras antes de lanzarnos

Ligar en la oficina: pensemos en los pros y contras antes de lanzarnos
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Cuando el amor llama a tu puerta, evidentemente, no puedes ignorarlo como haces habitualmente con los Testigos de Jehová. Sin embargo hay muchos escenarios en los que el amor parece estar llamando cuando en realidad lo que llama es otra cosa: una obsesión pasajera, una atracción puramente física o una tensión sexual no resuelta. Un escenario clave para este último ejemplo podría ser tu oficina o lugar de trabajo habitual.

Ligar en la oficina tiene sus pros y sus contras, como la comida india, por eso hoy en Trendencias Hombre queremos mostrarte the whole picture para que si después te metes en líos poder decirte "Ya te lo advertimos" y si todo te sale bien poder decirte también "Te lo habíamos dicho".

Por qué ligar en la oficina es un acierto

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Tu despertador suena a las siete y cuarto de la mañana y, contra todo pronóstico, tu primer pensamiento no es el suicidio. A pesar de la asquerosa lluvia y del atasco que te vas a comer tienes una ilusión en tu vida: verla. Sí, a ella, a tu compañera de trabajo, la chica de cuentas que desde hace meses te vuelve loco. Pero es que, ¿cómo no volverte loco? Cuando entra por la puerta es como si la Venus de Botticelli acabase de pisar la oficina, una criatura grácil que se pasea por el espacio de trabajo convirtiéndolo por arte de magia en el Jardín del Edén en lugar de en ese lugar blanco y aséptico con luces de halógeno.

Pero no es solamente su físico lo que te atrae porque durante la hora del café en la que provocas precipitadamente encuentros te habla de la última de Wong Kar Wai y de su última escapada al microteatro. Te habla de que prefiere el Ristretto al Volluto (¡justo igual que tú!) y de que tiene un perro llamado Roger. Piensas que es algo increíble que de todos los seres que habitan en la tierra, tu media naranja haya caído precisamente en tu oficina.

Los días se te hacen más cortos y te vuelves más productivo en el trabajo porque te quedas más horas sólo para verla. Tu jefe cree que mereces un ascenso. Y después de salir pletórico de su despacho te armas de valor y la invitas a tomar una cerveza después del curro. Ella dice sí.

Os conocéis (por fin) fuera del trabajo y descubres que es una persona con un montón de inquietudes similares a las tuyas, que estáis hechos el uno para el otro. Os gustáis, es evidente, ¿qué hace si no tomándose algo a solas contigo? Bueno, se ha apuntado el de contabilidad, pero apenas está aportando nada interesante a la conversación de modo que es como si no estuviera.

A partir de entonces cada vez estás más animado a la hora de ir a trabajar, les dices a tus amigos que te encanta tu trabajo y que no te importa pasar todas las horas del mundo en esa oficina. Ya tenéis inside jokes entre vosotros y toda la oficina empieza a rumorear. Finalmente, sucede lo que, según tú, estaba destinado a suceder desde hace mucho y empezáis a veros mucho más fuera del trabajo, conoces su casa, ella conoce la tuya, dejáis un cepillo de dientes en casa del otro, la vida es maravillosa y no hace más que sonreírte. Eres un hombre completo. Eres un hombre feliz.

Por qué ligar en la oficina es un error

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Suena el despertador a las siete y cuarto de la mañana y lo apaga la chica de cuentas. Os levantáis mecánicamente y empezáis la rutina diaria como auténticos cyborgs. Detestas el olor a tabaco por las mañanas pero ella dice que "sin mi café y mi cigarro no soy persona". Os acostasteis a las tantas por ir a ver la terrible obra de microteatro de su amiga la actriz, que odiaste con toda tu alma y te gustaría que hoy fuera sábado para no salir de la cama en todo el día.

Pero la chica de cuentas no soportaría quedarse en la cama un sábado (esa época ya pasó): se tomaría tres Ristrettos seguidos y empezaría a proponer planes sin parar. Has descubierto que la chica de cuentas tiene una agenda cultural en la cabeza y has admitido, en tu interior, que tú eres un posturas, que en realidad no has visto nada de Wong Kar ni has leído a Murakami pero que estabas enamorado de la idea de hacerlo y sobre todo, enamorado de la idea de que tu chica lo hiciera. Tú siempre fuiste más de Terminator.

Llegáis a la oficina y todo el mundo sabe que sois pareja. Sois un pack inseparable. Ya no te vas de cervezas con los de curro si no va ella. Pasáis, literalmente, las 24 horas del día juntos: dentro y fuera de la oficina, noche y día. Cuando la encuentras durante la hora del café hablando del microteatro con una compañera evitas quedarte y te vas al baño a llorar.

No puedes soportar estar codo con codo veinticuatro horas con ella. Pero recuerdas lo insistente que fuiste, la modalidad de pareja moderna que creaste en tu cabeza donde todo era maravilloso. Recuerdas aquella conversación en la que dijiste esa chorrada de "somos adultos, vamos a probar y si sale mal somos lo suficientemente maduros como para superarlo". Y sabes que era una maldita mentira. No sabes cómo cortar con ella, no entiendes cómo pasasteis de ser una pareja en la oficina de Mad Men a ser una en The Office.

Estáis estancados en una rutina horrible, piensas en cambiar de trabajo porque eres demasiado cobarde o quizás demasiado frágil como para dejarla y tener que verla todos los días. Finalmente lo haces y el ambiente de rencor en la oficina es, como esperabas, insoportable. Todo el mundo elige bando y a ti solo te apoya el de contabilidad. Que tampoco es tan mal tío, si lo piensas, sólo que es como tomarte una cerveza con un mueble. Dejas el trabajo, no lo puedes soportar, tienes sentimientos encontrados. Ella tiene un nuevo novio y no puedes mantener esa falsa cortesía del "llevémonos bien". Eres un hombre desgraciado. Eres un hombre infeliz.

Por qué ligar en la oficina puede ser un error y puede ser un acierto

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Porque ligar en la oficina es a fin de cuentas igual que ligar fuera de ella. Sólo que en la oficina pasa como en Gran Hermano: que todo se magnifica. Debes ser consciente de que si todo sale mal tendrás que verla a diario y si todo sale bien también tendrás que verla a diario. Debes saber que no es como tirar la caña al aire libre, que estás en el trabajo.

Si tienes dudas o mejor dicho, si lo que tienes es únicamente un calentón, quizás sea mejor hacer caso al refranero popular, que siempre suele acertar: donde tengas la olla...

Y vosotros, ¿cómo vais de amores de oficina?

En TrendenciasHombre | Las veces que alguien me ha enamorado en el metro (y las veces que no) gracias a los libros

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