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¿Existen los amores de verano? Un análisis cinematográfico

¿Existen los amores de verano? Un análisis cinematográfico
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Iba a ponerme mucho más existencialista en este post titulándolo simplemente "¿Existe el amor?" pero entonces un montón de imágenes se amontonaron en mi cabeza, algunas he tenido la oportunidad de visualizarlas personalmente, otras, sin embargo, son historias que de tanto escucharlas se han materializado en mi cabeza como una imagen real y nítida de algo que nunca vi: como la historia de mi bisabuelo, que murió dos meses después de que lo hiciera mi bisabuela y mi familia ha contado siempre que murió de amor. Se negó a comer, se negó a salir de su habitación y en definitiva, se negó a vivir sin mi bisabuela a su lado.

Esos amores, esas historias, parecen imposibles hoy en día. Y más si las comparas con estupideces del tipo "Mi novia y yo lo dejamos cuando me fui de Erasmus". Ya no hay épica en esas historias... o quizás es que cuando no están teñidas de sepia como en el pasado, las historias de amor no parecen tan románticas, tan únicas ni tan especiales.

Hay un periodo del año, sin embargo, en el que todo el mundo parece más abierto al amor. Puede ser por la subida de las temperaturas, por tener más tiempo libre, por tener las hormonas revolucionadas o por lo que dijeron en su día Sonia y Selena: cuando llega el calor los chicos se enamoran, es la brisa y el sol. Hoy, repasamos los amores estivales más épicos de la historia (al menos de la historia reciente) para intentar descubrir si de verdad existe o no eso que llamamos "amor de verano".

Danny y Sandy

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Si pensamos en amor de verano pensamos inevitablemente en Grease: una historia que tiene hasta canción propia. ¿Cómo fue? Pues una mojigata que luego resulta no ser tan mojigata conoce a un macarra que luego en realidad no es tan macarra y se enamoran locamente. Después la mojigata aparece en el instituto del macarra y su historia deja de interesarnos por completo porque aparece el personaje de Rizzo y se hace con los mejores temas del musical, para muestra un botón:

Al final el amor estival se convierte en un amor anual, lo que demuestra que los amores de verano pueden durar para siempre.

O al menos, hasta que tu novio se mete en la Cienciología y se pone unos extraños injertos capilares que hacen que parezca que lleve un felpudo en lugar de un peinado. Grease es el máximo exponente de un amor de verano con final feliz: la mojigata y el macarra terminan juntos volando en un coche, lo que demuestra también que en los años 50 ya tomaban LSD.

Johnny y Baby

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En los 80 se llevaba muchísimo eso de bailar, no me preguntéis por qué. Por eso una jovencísima Baby, de buena familia, conoció un verano a Johnny, un chico malo, en la mítica película Dirty Dancing. Todo lo que ella quería, aparte de bailar, era liarse con el chico del momento, que entre Ghost y esta serie de bailecitos se convirtió en el sex symbol del momento. Al final Baby (a todo eso, ¿cómo puede tener unos padres tan crueles de llamarla Baby? ¿qué hara la pobre cuando tenga sesenta años?) decide pasar de los estirados de su familia y demostrarles que es una mujer de armas tomar. El amor de verano vuelve a triunfar.

Allie y Noah

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Para pastelazo este último, que vuelve una vez más a ser la misma película que las tres anteriores: una niña bien interpretada por Regina George de "Chicas Malas" conoce durante un verano a un paleto de pueblo que resulta ser Ryan Gosling antes de interpretar buenos papeles y convertirse en un icono sexual. Una vez más, los padres se interponen porque una chica como ella, que toca el piano y estudia francés, no puede liarse con un cateto como Ryan, pero ellos se quieren un montón.

La película la cuenta un adorable ancianito que a los tres minutos de película ya sabes que es Ryan Gosling. Otro detalle de la película es que él se llama Noah y no ella. En este caso el amor de verano no triunfa porque ella tiene una madre muy mala que no les permite estar juntos y se va del pueblo y está a punto de casarse con Cíclope de X Men, pero al final triunfa el amor.

Ocho de cada diez médicos afirman que ver "El diario de Noah" dos veces al año puede producir graves problemas de salud, tales como grandes subidas de azúcar.

Las tres películas demuestran que el amor de verano existe. Aunque por esta regla que me acabo de sacar de la manga también existen los superhéroes, los zombies y hasta el mismísimo Godzilla. En resumen: consume el amor de verano de manera responsable y recuerda que este amor, igual que el verano y pese a lo que digan casi todas las películas del mundo, suele acabar en septiembre.

Y vosotros, ¿creéis en el amor de verano?

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