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Cómo sobrevivir a las cenas de Navidad de tu empresa

Cómo sobrevivir a las cenas de Navidad de tu empresa
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Todos tenemos un amigo que en las cenas de Navidad de empresa te cuenta que terminó con la camisa desabrochada, la corbata en la cabeza y llamando a su jefe "inútil mental". Si no tienes ese amigo es que ese amigo eres tú. Las cenas de Navidad de empresa son una creación americana: como San Valentín o las citas. Que, en teoría (y sólo en teoría) sirven para confraternizar y crear buen ambiente.

Sin embargo en la práctica te das cuenta de que esas cenas de empresa son en realidad una prueba más de Recursos Humanos, ¿quién puede estar relajado y en buen ambiente cuando el jefe te está hablando de aquella vez en su anterior puestazo cuando tuvo que despedir a la mitad de la plantilla? ¡Nadie! Las cenas de empresa de Navidad pueden acabar en desastre absoluto, por eso en Trendencias Hombre te damos unos consejos básicos para que eso no suceda.

Dime con quién te sientas y te diré quién eres

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La gente que acude a las cenas de empresa puede dividirse en dos grupos diferenciados: lameculos que quieren un ascenso o un aumento de sueldo y gente que simplemente va a cenar y confraternizar. La primera norma es sentarte lejos de los primeros (a no ser que tú seas uno de ellos, algo muy noble por otra parte pero que hará que a la larga no tengas amigos en el trabajo: ¡ya tendrás ocasión, hombre!). Si te sientas junto al primer grupo esa cena se convertirá en una especie de Trivial, tendrás que estar muy atento en posición de alerta felina porque en cualquier momento alguien intentará demostrar que es mejor que tú, más válido que tú y que merece un ascenso antes que tú... aunque tú seas simplemente el becario.

La norma es clara: no te sentarás en la mesa del jefe a no ser que el jefe te lo pida explícitamente. Lo mejor es hacerse el remolón y entrar de los últimos al restaurante, así observarás quienes luchan por sentarse en la mesa donde se sientan los jefazos cual manada de zombies persiguiendo a un niño con sobrepeso.

Protocolo: el iPhone se sitúa siempre a la derecha del plato

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Entramos en la fase de protocolo: cómo comportarse, con quién entablar conversación, cómo coger los cubiertos. Imagino que será una cena informal, a no ser que vuestro jefe sea Alberto de Mónaco, así que compórtate con naturalidad. Unos modales exagerados podrían hacerte aparentar un TOC, sin embargo, tampoco es buena idea gritar "¡PELEA DE COMIDA!" durante el segundo plato.

Otras cosas que tampoco son buena idea:

  • Hacer el aspersor con el vino.
  • Masticar tu comida y decirle a la persona de enfrente: "¿A ti también te dieron carne picada?" y enseñarle muy lentamente la comida de dentro de tu boca.
  • Lanzar los guisantes con una minicatapulta que has construido con la cuchara de postre.

Por poner algunos ejemplos. Informal sí, pero no seas el payaso de la fiesta. El payaso de cinco años de la fiesta.

Bebe con moderación, es tu responsabilidad

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Todos conocemos nuestros límites, sin embargo, en las cenas de empresa a menudo nos confundimos. Nos ponemos nerviosos y tendemos a beber más de la cuenta. No es buena idea haberte bebido una botella de vino antes de los entrantes. Que sí, que es gratis y paga la empresa pero la norma es la siguiente: tu jefe siempre debe estar más borracho que tú.

Aquí llega el conflicto de intereses: llevas enamorado de la de contabilidad desde hace ocho meses, habéis hablado durante la hora del café (sí, yo le dedico una hora al café) y parece que hay feeling. Y tu quieres abarcarlo todo esta noche: caer bien a los jefes y ligar. Y para ligar con ella necesitas un empuje. Un empuje como el alcohol, que hará que hablar con ella te resulte más fácil. ¿Qué hacer? Puedes dar sorbitos de pájaro al vino para ponerte contento sin caer en el ridiculazo, puedes servirle todo el rato vino a ella para que sea ella quien hable más contigo (esto no tengo claro si es completamente legal) o también puedes supervisar las botellas que van vaciando tus jefes para así ir bebiendo tú la mitad de su cifra.

Conversaciones con los jefes: qué decir

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Llegará un momento en que el jefe empiece a hacer una ronda de conversación y agradecimientos. Como los novios en las bodas o como Madonna con el Confessions Tour. Todo el mundo hablará con el jefe esta noche, por eso tú debes destacar con una conversación elegante y refinida. Una conversación Humphrey Bogart: esta conversación se caracteriza por decir muy poco pero sentar cátedra en todo lo que dices, crear frases que perduren para la posteridad de la empresa. Escuchar más que hablar y no precipitarse.

Ejemplo:

Tu jefe: ¿Cómo vais por aquí? Por cierto, Pablo, enhorabuena por tu última venta. Tú: ... Tu jefe: Estamos muy contentos contigo. Tú: ... Tu jefe: ¿Estás bien? Tú: ... Tu jefe: ¿Alguien puede llamar a una ambulancia? Tú: De todas las empresas en todos los lugares en todo el mundo, tuve que entrar en esta.

Quizás esta no sea la mejor frase, pero os hacéis una pequeña idea. En las conversaciones con los jefes lo principal es no ponerse nervioso ni hablar más de la cuenta. Podrías acabar diciendo que esa última venta te la consiguió en realidad un becario mientras tu llorabas en los aseos.

Las copas de después: ir o no ir, esa es la cuestión

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Ir. Siempre ir. Las copas de después son básicas para encajar en la empresa. Es cuando los jefes empiezan a hacer bromas, incluso a bailar de una manera ridícula. Las copas de después de la cena de Navidad unen más que seis años juntos de trabajo. Y no vamos a estar siempre hablando de los jefes: tus compañeros y la chica que te gusta también estarán ahí. Podrás conocerlos mejor, saber quién odia en realidad a quién o quién está enamorado de quién. Información que a la larga es oro para ti. Información que es poder.

También podrás divertirte (¡que paga la empresa!), recuerda que lo que unen unas copas no lo separa ni un ERE, que tenéis mucho que celebrar (por ejemplo: que tenéis trabajo) y que esa noche servirá para hacer bromas en tu empresa durante, al menos, seis meses. La única premisa es esta: no seas el último en irte, una retirada a tiempo es SIEMPRE una victoria.

Y lo más importante de todo

No llevar cámaras. Y por cámaras me refiero al teléfono móvil: no saques fotografías de las que te puedas arrepentir. Ni siquiera para poder hacer luego chantajes. Otra persona podría tener una foto todavía peor en la que apareces tú. No dejes documentos de esa noche. Esa noche no ha sucedido nunca.

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