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Cómo ligar en el supermercado

Cómo ligar en el supermercado
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Después de pasar dos meses llorando, cambiarte de piso (y no hablo solo de la zona, cambiaste también la ciudad e incluso de país) y ver toda la filmografía de Meg Ryan y Sandra Bullock por fin has superado lo de tu vecina sexy del quinto, esa a la que al final no te pudiste ligar. Ahora eres un hombre nuevo y ves oportunidades de conquista allá donde vas, sin embargo, temes que vuelvan a romperte el corazón, por eso en Trendencias Hombre queremos ayudarte.

Entre tus múltiples propósitos de septiembre, tales como volver al gimnasio o comprarte un cigarro electrónico, está el de llevar una vida más saludable. Es por eso que te has vuelto un poco tiquismiquis con la alimentación, un sibarita del paladar y vas a hacer la compra semanalmente haciendo que tu madre se sienta muy orgullosa de ti. Y allí, entre los frutos secos y las verduras la has visto a ella: la chica del supermercado. Compartís gustos ("¡No me puedo creer que a ella también le gusten los dátiles! ¡Pensé que era el único!") y horarios (cada martes a las 17:34 ella hace su aparición estelar en la sección de congelados). Entrar a una mujer en el supermercado no es tarea fácil: cuentas con tiempo limitado y escasez de recursos. No puedes hacer la estúpida pregunta de "¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?" porque responderá "Hacer la compra, idiota".

Te damos unos cuantos tips para la conquista perfecta.

El súper: la jungla del siglo XXI

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Ir al supermercado es lo más parecido a cazar un jabalí con tus propias manos que harás en tu vida. Es la selva moderna, en la que el hombre cosmopolita se maneja como los leones en la sabana africana: a la caza de lo mejor. El mejor chollo, la mejor oferta, el mejor filete de la carnicería que consigues gracias a tus encantos (es decir, camelándote a la carnicera diciéndole que tiene unos ojos preciosos). Si los cavernícolas impresionaban a las mujeres apareciendo con un oso pardo por la puerta de la cueva, hoy en día debes impresionar con otras destrezas y habilidades.

Por ejemplo: escogiendo un carro que no tenga una rueda escacharrada y te toque pasear por todo el súper caminando de lado, apoyando tu cuerpo en el carro, intentando enderezarlo, que terminas pareciendo El Langui. Tu apariencia es importante en la selva moderna: no bajes con esos pantalones viejos que llevas para estar por casa y tienen esos agujeros según tú "estratégicos" y "que no se notan" (sí que se notan, querido, veo tus calzoncillos de Mickey Mouse), esa camiseta de propaganda de cerveza y esa barba descuidada o lo máximo que conseguirás es que te lance la moneda de un euro del carro cuando termine la compra, por caridad.

Vístete de forma informal, que ir con el frac a la compra queda un pelín pretencioso, pero no descuides tu imagen hasta rozar la mendicidad. Unos vaqueros y una camiseta sin propaganda siempre están bien. No te tomes muy en serio lo de "la jungla del siglo XXI" y aparezcas en taparrabos ¿vale? Que tampoco es plan.

Choque de carros: primer acercamiento

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Los seres humanos tenemos fobia a iniciar conversaciones casuales por miedo a parecer unos desquiciados emocionales. Depende del tipo de conversación y del tipo de acercamiento. Si te acercas preguntándole si sabe donde están los pepinillos igual te toma por imbécil o te dice que no trabaja allí. Si chocas el carro con el de ella y acto seguido sueltas un comentario que haga pensar "¡Qué tipo más majo!", no parecerás un desquiciado. Parecerás un tío majo. Y ¡oye!: a las chicas nos molan los tíos majos.

Si chocas el carro una vez y te ignora, evita hacerlo más veces: es posible que no le intereses y que la cuarta vez que empotras tu carro con el suyo llame a seguridad.

También puedes lanzarte con un comentario arrogante tipo: "¿Has comprado pesto? ¿Sabes que si compras albahaca en planta tendrás el triple de sabor?". Así, como si fueras jurado de Masterchef. Es más, comenta cada una de las cosas que lleve en el carro una vez lo hayas chocado: "Uuuh, mantequilla, ¿estás segura de eso?" (guiño de ojo) o "¿Tampones súper absorbentes? ¡Qué curioso!". La incontinencia verbal también es divertida, si tiene sentido del humor caerá rendida a tus pies. Si no, volverá a llamar a seguridad, pero a estas alturas ya os habréis hecho amigos.

Línea de caja, línea de meta

La caja en el supermercado es el equivalente a los aeropuertos en las películas americanas: es el momento de la trágica despedida. Del adiós muy buenas. Del espero verte pronto. Del "no te líes con otro tío mientras estás de Erasmus". Ya me entendéis. Es la última oportunidad: si en el camino del supermercado habéis establecido contacto visual, habéis tenido una mínima conversación frente a la pescadería, cuando has comentado que el rape se parece muchísimo a una tía abuela tuya y la cosa parece funcionar: la caja es el momento de echarle valor.

Es el momento de dejar las cosas claras: me gustas, ¿te gusto?. ¿Existe la posibilidad de verte fuera del supermercado? ¿Nos tomamos una caña? ¿O vives dentro del súper?.

A menudo cuando el tiempo corre en nuestra contra y existe la posibilidad de perderlo todo, de no volver a ver a esa chica nunca, de perder para siempre ese tren nos armamos de valor y vamos a por todas. La línea de cajas es tu última oportunidad: no la desaproveches.

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