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¿Por qué los hombres perdemos estilo al volante?

¿Por qué los hombres perdemos estilo al volante?
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Creo que más de uno se habrá podido sentir identificado con la pregunta que acabado de hacer y que repito una vez más, ¿por qué los hombres perdemos estilo al volante?. No pretendo hacer con esto una encuesta sino constatar hechos y realidades. Porque de pregunta podríamos pasar a afirmación directamente, los hombres perdemos nuestro estilo al volante.

La masculinidad no está en juego, eso es algo que deberíamos tener en cuenta todos. Parece que cuando nos montamos en nuestro vehículo y cogemos el volante nos transformamos en una parte más del coche o al revés, parece como si el coche se transformase en una extremidad nuestra. Algunas mujeres dirían exactamente que extremidad.

De hecho parece que no hace falta que sean muchos los caballos del coche para transformarnos aunque he notado que si pasan de 100 CV no es que perdamos estilo, si no que parece que nunca lo hemos tenido.

Sin estilo

No se trata de factores culturales ni de estrato social al que pertenezcamos. El hombre cavernícola que nos posee nuestro cuerpo y mente da igual que conduzca un Mercedes 500 que un Seat León. Tampoco se trata de que sea un señor de 50 años ejecutivo de una multinacional o un joven “bacala”. Aunque si bien es cierto que todo puede ayudar a que el cavernícola salga antes o después de la cueva.

Poco a poco voy definiendo factores que pueden ayudar a perder estilo, también es cierto que muchas veces carecemos de estilo antes de subir al coche, pero de verdad, ¿no habéis notado como hacemos cosas que nunca haríamos si no tuviésemos un volante en la mano?

Se trata de mantener, por lo tanto, a nuestro hombre del siglo XXI dentro de nosotros. Un hombre con estilo, educado, caballeroso, romántico, que sabe cuidarse y apreciar las cosas buena de la vida, que sonríe y es feliz, que deja pasar y por lo tanto frena antes de acelerar, etc.

Hombre con estilo

Y no se trata, por lo tanto, de que ese hombrecillo de las cavernas con pelo en el entrecejo y un garrote en la mano salga. Y que de las largas (las luces) a las primeras de cambio, que de acelerones para asustar al de delante, o frenazos chulescos para imponerse al de atrás, que insulte, grite (cuando el del otro coche no le escucha), etc. En fin, una serie de cosas que de verdad en la intimidad deberíamos sentirnos avergonzados.

¡Cuidado! Que yo seguramente sea el primero en aplicarme el cuento. Y desde esta atalaya de la comunicación hago propósito de enmienda y prometo que nunca más perderé mi estilo de hombre Mensencia.

Fotos | ferminius | arkangel |bykim |
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