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Marcas piratas: la importancia de llamarse Armani

Marcas piratas: la importancia de llamarse Armani
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Día tras días nos bombardean a través de todos los medios imaginables con miles y miles de marcas. Cosméticas, deportivas, de moda, alimenticias… Y eso, nos guste más o menos, cala en nosotros hasta un punto que no podemos ni imaginar. Incluso los antimarca, entre los que me cuento, caemos de vez en cuando en el siguiente razonamiento frente a dos productos, uno de marca, y otro sin ella o desconocida: «¿Con cuál me quedo? Mmm… Pues con este, que al menos me suena

Pero hoy no se trata de hacer un tratado sobre técnicas de marketing, sino de hablar de una de los efectos que conlleva el marquismo agudo: las imitaciones.

Personalmente, es un fenómeno que no entiendo. La gracia de un producto de Adidas, por ejemplo, ¿no es precisamente que es de Adidas y no que lleva su nombre? En mi mundo, muy ingenuo, todo sea dicho, la gracia de una marca no está en su nombre sino en la calidad que se le presume. Es decir, no compro Adidas por ser Adidas sino porque sé que es una prenda que me va a salir buena, resistente para el ajetreo físico que voy a necesitar para volver a ponerme en forma después de las Navidades.

Obviamente, no todo el mundo piensa así.

rastro flickr

El fenómeno de las imitaciones de las marcas no es reciente. Siempre han existido versiones piratas de los orginales, hasta el punto de que hay célebres casos de robos de arte en los que tardaron años en darse cuenta del cambiazo gracias a una genial imitación.

Sin embargo, en el caso del vestir es una tendencia un poco ridícula. Para empezar, porque la marca no hace el vestir. Te puedes gastar una pasta en un cinturón de Montblanc que si luego no sabes combinarlo vas a seguir pareciendo un panoli (adoro esta palabra). Comprarse una cartera falsa por 10 euros, frente a los 50 que costaría en tienda, sólo sería comprensible si fuera la cartera de nuestra vida, al margen de la marca, o si, como veremos, se nota que es buena.

Al parecer, en el caso de la piratería de marcas de ropa no siempre se trata de artículos de peor calidad. Existen dos maneras de sacar todos estos productos al mercado negro: la primera, la simple y vulgar copia, y la segunda, que nace en las propias fábricas donde se manufacturan los originales y consiste en hacer más productos de los encargados y desviarlos como quien no quiere la cosa.

Así que claro, si tienes la suerte de que te toca uno de estos segundos tipos de copia, has triunfado. Pero si no, que es lo más frecuente, tienes en tus manos un trozo de plástico que quiso ser cuero con dos letras pintadas poco menos que con rotulador.

Como siempre, para gustos los colores. No vamos a entrar en las pérdidas para el sector porque como compradores que quieren vestir con estilo no es nuestro tema. Eso sí, recordad que es un delito contra la propiedad industrial. Personalmente creo que es de mal gusto llevar marcas piratas, de mal gusto y una pérdida de dinero. En mi opinión, es mejor decantarse o por la marca intermedia, si lo que queremos es dar impresión de calidad, o directamente por la blanca, si queremos vestir bien y nuestro presupuesto no da para mucho.

Porque el plástico no es cuero. Que no insistan. Se nota, se huele, se palpa.

Más información | Belt
Imagen | Flickr

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