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H&M y Lanvin: ¿realmente qué es lo que sale rentable de estas colaboraciones?

H&M y Lanvin: ¿realmente qué es lo que sale rentable de estas colaboraciones?
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Bueno, llegó el momento de finalizar nuestro periplo, o más bien el de Alber Elbaz, director creativo de Lanvin desde 2001 y progenitor de todo lo que ahora mismo colapsa las colas de las devoluciones de H&M, y no nos queda otra que hacerlo con una conclusión y una reflexión moral en pro de la moda para evaluar si realmente este tipo de colaboraciones tienen algo de sentido común o son simplemente estratagemas publicitarias sin escrúpulos.

Resulta curioso que, cuando entrevistaron a Alber Elbaz para que comentase sus impresiones sobre la colaboración que habían firmado hace casi un año él y Margareta van den Bosch, asesora creativa de H&M, las palabras de Alber casi acabada la colección fueron las siguientes al preguntarle cómo creía que sería acogida la colección:

“¡Espero que guste a todos! Cuando vi las pruebas finales tuve un ataque de pánico y pensé que tal vez había cometido un error haciendo esta colaboración. Me sorprendió muchísimo que unos precios así se acercaran tanto a los modelos originales”

lanvin bag

Y ahí es donde radica el quiz de la cuestión: realmente ¿qué es lo que estamos pagando? ¿La plasmación del boceto de un genio de la moda en un cacho de tela? Porque en sí, la propia prenda no vale absolutamente lo que figura en la etiqueta (60 euros por un cardigan que en circunstancias normales hubiese valido 15 euros) y realmente no olvidemos que se trata de un diseño de Lanvin con la calidad de un H&M, en el que en el peor de los casos como ha ocurrido con la colección masculina, ni tan siquiera por el diseño podríamos llegar a decir que se trata de un Lanvin.

Me explico: en la colección femenina, el corte, los drapeados, el color, los detalles, las costuras abiertas o el revival de la bisutería oversized y colorida, no son sino firmas del propio Alber en sus diseños del día a día en Lanvin. Sin embargo, en la colección masculina, exceptuando las pajaritas y los zapatos, el resto de artículos que nos han ofrecido no poseen un diseño espectacular (o que menos que particular) por el que podamos percibir como algo lógico pagar casi el triple por una prenda: no se aprecia que las prendas realmente sean de Lanvin. Y todo esto siempre y cuando no estemos hablando de artículos comprados en E-bay, en los que se están llegando a alcanzar precios que rondan los 300 euros por prendas que en la propia colección no llegan a los 100.

Lanvin, tratándose como se trata de la maison más antigua de Francia, siempre se ha caracterizado (o al menos ese es el concepto que tengo yo de ella desde que la conozco) de usar y trabajar con materiales bastante caros, exclusivos y de primera calidad en sus modelos. De ahí que en su propia colección las camisetas alcancen precios de hasta 100 euros: el cashmere, la seda o la chinchilla son tejidos y pieles que se pagan y no precisamente a precios bajos. Sabemos que compramos y a que precio se paga en el mercado.

Lanvin

Pero que la gente se deje 120 euros en una gabardina, por ejemplo, como la que figura en la foto que os adjunto cuando ni tenemos un diseño exquisito y sobre el material no hace falta decir que se trata de un simple sintético que parece casi más papel que plástico, teniendo como teníamos a escasos metros (y hablo desde la experiencia) el mismo (o casi parecido) trench por el módico (y justo) precio de 35 euros, es una falta de respeto y creo que bajo mi punto de vista, no sólo una locura sino una manera de perjudicar a la moda de manera elegante y cara, sobre todo muy cara.

Por eso debemos preguntarnos si a efectos prácticos todo esto sale rentable a alguien. Desde luego que sí sale (yo sólo soy capaz de responderme): a H&M y Lanvin, pero no al resto. Porque H&M, a pesar de que casi un 65% de los artículos que se adquirieron el día 23 fueron devueltos al día siguiente, con que tan solo un 20% se quede con lo que compró, habrán podido hacer más caja que en los dos días posteriores a su puesta en venta. Y lo sabe, por eso se aplican técnicas comerciales tan antiguas como la vida misma para impulsarnos a comprar compulsivamente y sin escrúpulos.

Lanvin

Colas de dos horas, grupos reducidos de 20 personas y 15 minutos para comprar. Medidas que lejos de evitar algún que otro percance, consiguen ponernos en un estado tal de tensión que, sin quererlo ni saberlo, unos a otros nos ayudamos a crearnos la necesidad imperiosa de que en cuanto nos dejen libres en el pequeño cubículo de Lanvin ubicado en medio de la tienda de H&M, o coges algo o no eres nadie. Y es entonces cuando te das cuenta de que efectivamente te han implantado sin que tú te percates, la necesidad de comprar innecesariamente.


Y Lanvin por supuesto que se lleva tajada de todo esto. Con una estupenda campaña publicitaria como la que han creado y sumado a el bombo mediático que le han dado, seguramente un 40% más de personas que habitualmente no habían oído hablar de Lanvin en su vida, ya saben que se trata de una firma de moda, que es cara y a poco que se tenga un poco de idea de idiomas, que proviene del otro lado de los Pirineos. Eso sí, a los dependientes de H&M les van a seguir pagando igual de poco.

Si realmente, como defendían desde Francia los creativos de Lanvin ante las quejas de los consumidores menos trendsetters, se trataba de una idea maravillosa de hacer ropa diseñada por un talento de las tijeras y el papel con el objetivo de que aquellos que sienten una gran pasión por la moda y no pueden permitirse marcas de pret-a-porter
como Lanvin pudiesen acceder al lujo, creo que me están corroborando (ya doy mi opinión personal) que todo esto es un frívolo engaño en el que no se persigue seguir avanzando en el mundo de la moda sino explotar al pequeño (híper)consumidor que solo ansía comprar por el mero hecho de decir que ¡Por fin tengo un Lanvin en mi armario!

¿A qué precio?

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