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¿Eres un buen anfitrión? Ojo, amigo, que aquí te ponemos nota

¿Eres un buen anfitrión? Ojo, amigo, que aquí te ponemos nota
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Todo hombre de bien debe ser un buen anfitrión. Porque no puedes ir por ahí de tio con clase que lee Trendencias Hombre si luego tienes la casa hecha una leonera, la nevera como si estuviéramos en guerra y te alimentas únicamente de platos preparados. No, hijo no. Las visitas son una prueba de fuego que todo hombre de bien debería superar sin problema: sea una reunión informal con amigos, sea una cena romántica con tu chica o con la que quieres que sea tu futura chica o la verdadera prueba de fuego, un combo amigos y novias de amigos y tu chica y ya de paso, algún familiar.

Así que en Trendencias Hombre vamos a poner nota a los distintos tipos de anfitriones, de menos y más, para que te identifiques con alguno de ellos y de estar entre los suspendidos o aprobados rapados, es posible que necesites mejorar.

Hoja en blanco

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Sin duda lo peor de lo peor. Entregar la hoja de examen en blanco es ni siquiera haberte esforzado un poco. Las "hojas en blanco" de los anfitriones suelen ser chicos jóvenes (en sus veintes), que comparten piso con otros dos chicos, presumiblemente estudiantes que acaban de salir del nido familiar y se les resiste hasta cocinar pasta. Los pobres. Si estás en esta situación no te preocupes: acabas de llegar al mundo real, es posible que pronto aprendas a manejarte y te des cuenta de que la nevera no se llena sola, los manteles no se limpian por arte de magia y que el hecho de que se acumulen los platos sucios es algo que tiene un remedio sencillo.

Este anfitrión es un desastre por una sencilla razón: es totalmente virgen. Ha ofrecido voluntariamente su casa para una cena sin saber lo que le espera. Calcula mal las cantidades, para empezar: este anfitrión novato o cocina para un pelotón entero o todo el mundo se termina quedando con hambre. Y aquí un apunte: para él cocinar es meter dos pizzas en el horno y comprar unas coca colas. Y aun así se lía. Compra bebida de menos o comida de más. O viceversa. Por aperitivo entiende unas ruffles jamón jamón y por postre un cubo de helado barato y cucharas de plástico (para no tener que fregar). Es más, es posible que todo sea servido en servilletas o platos de plástico.

Es la casa a la que nunca quieres ir, porque comes mal, todo es un desastre, el anfitrión se pone nervioso y al final pide a todos los comensales un euro sesenta y siete "por los gastos". Como primera experiencia no está mal, pero si te encuentras en el nivel "hoja en blanco" deberías plantearte progresar un poquito.

Suspenso

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Si la hoja en blanco es algo malo pero comprensible, el suspenso no lo es. Ya no tienes veintipocos, ya no te juntas únicamente con universitarios y ya llevas un tiempo viviendo solo. Aquí la pregunta es "¿por qué?". Dentro de esta categoría encontramos dos subespecies que resultan muy irritantes:

El rata

El rata es aquella persona que invita a gente a su casa simplemente para comer y beber de gratis. Vamos, no me digáis que nunca habéis conocido a alguien así. Ese que dice "yo pongo la casa y vosotros ponéis todo lo demás". Un buen anfitrión jamás haría eso: si invitas a gente a tu casa lo haces con todas las consecuencias y aquí entraríamos en el campo de "cómo ser un buen invitado"y un invitado de bien siempre debe llevar algo (una botella de vino, un postre, una selección de pan, por ejemplo), pero eso sería otro post. El rata es aquel que sirve solamente la mitad de lo que los demás han traído porque se quiere guardar el resto alegando que "es que es mucha comida", es aquel que encarga a los demás absolutamente todo: tú una tortilla, tú unos canapés, tú un jamón pero del bueno, tú un buen queso, tú trae una tablita de patés, tú un Rioja, tú un Rueda y si puedes unas cervecitas. Es decir, que el rata está de buffet libre.

Seguramente su casa sea oscura para no gastar mucha luz y pida a los invitados que si hacen "aguas menores" no tiren de la cadena. Un horror, suspenso total.

El caótico

El caótico es aquel que tiene la casa hecha un desastre. En su salón encontrarás el ordenador por medio, muchas mantas en los sofás, ropa, el tendedero, perchas, un humidificador, varias toallas y es posible que hasta el anillo único. Cuando los invitados llegan es cuando él se quita el pijama y empieza a "hacer sitio" lanzando las cosas a otra parte del espacio, poniendo cojines en el suelo y metiendo a sus Gremlins en jaulas. Todos los platos y la cubertería son diferentes pero no de un modo cool, sino de un modo que quieres clavarte los tenedores en los ojos.

Está nervioso porque ve en tus ojos el reflejo del desastre pero no puede hacer nada para remediarlo. La cena se convierte en algo incómodo porque se le ha olvidado comprar el ingrediente clave y todo tiene el mismo sabor. En mitad de la cena se pondrá a hablar por skype con un amigo y tendrá la música muy alta. Quizás en mitad de la cena aparezcan unos inspectores de sanidad. Mira, no quieres ser un caótico.

Necesita mejorar o los aprobados raspados

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Por fin un poco de luz al final del túnel. No me malinterpretéis, los aprobados raspados todavía tienen un largo camino que recorrer pero al menos ir a sus casas no se convierte en una tortura. Porque los aprobados tienen buena fe y un corazón limpio. No lo hacen bien, pero se esfuerzan: hacen cositas como freír un queso (bien) pero te ponen el bote de mermelada encima de la mesa (mal), se molestan en poner un mantel (bien) pero está sucio (mal), han visto una película de Woody Allen y les parece una gran idea mezclar grupos y ser cosmopolita (bien) pero invitan de pronto a tres de sus ex y a su cuñado (mal).

Podrían esforzarse muchísimo más y a lo largo de la velada se vivirán momentos incómodos. Puede tener puntos como algunos de los anteriores como por ejemplo pedirte dinero por el queso ya que eres la persona que más lo ha comido (mal) pero es porque ha comprado un queso de catorce euros (¡pobre!) o deja todos los abrigos encima de un sofá. Necesitas mejorar, pero lo conseguirás.

Bien y notable

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Los bienes y los notables ya están curtidos en este campo. Saben escoger un vino para la carne y otro para el pescado. Saben hacer alguna cosa especial en la cocina o conocen el mejor restaurante al que pedir un buen cáterin. Ya no cometen errores de principiantes y saben decir elegantemente "Ahora que lo mencionas, ¿te importaría traer un vino rosado?". Todo parece fenomenal, ¿verdad?

Os diré dónde está el truco: el único problema de este anfitrión y por lo que todavía no se ha convertido en un sobresaliente o una matrícula es porque se ha estancado. La segunda vez que vayas a su casa verás que todo es exactamente igual que la vez anterior: los mismos platos, el mismo vino, las mismas bromas, la misma gente. Es como vivir el día de la marmota. Si has llegado hasta aquí, querido notable, puedes dar un paso más. ¡Digievoluciona, amigo!

Sobresaliente

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Aquí hablamos de palabras mayores: un sobresaliente no es cualquier cosa. Este tío es un auténtico genio: tiene la casa fenomenal, sabe sentar a la gente donde toca, sabe de vinos y da una excelente conversación. Y lo mejor de todo: le encanta ser anfitrión, lo hace por amor al arte. Las cenas en su casa siempre terminarán con un "A ver cuándo repetimos" por parte de los invitados. Y todo esto es posible porque tiene como modelo aspiracional al S.A (Súper Anfitrión), a la matrícula de honor, de la que hablaremos a continuación.

Matrícula de honor

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Matrícula de honor es posible que no exista. Es posible que sea un estado mental de felicidad, como el nirvana. Matrícula de honor es un ser perfecto, un súper hombre que todo lo sabe hacer y nada se le escapa. Matrícula de honor es una aspiración más que un ser de carne y hueso. Entrar en casa de Matrícula de honor es entrar en el País de las Maravillas. Matrícula de honor cocina, prepara, hornea, suflea. Matrícula de honor sabe de vinos y de carnes, de vinos y de quesos, de vinos y de smartphones. Sabe de champán, por el amor de Dios.

Matrícula de honor no sólo acompañará un plato con su vino, lo acompañará también con una música especial. Matrícula de honor tiene la casa de tus sueños porque Matrícula de honor es el hombre de tus sueños. Matrícula de honor prepara él mismo el postre. Matrícula de honor sabe hablar de todo, reír todas las gracias y hacer los mejores chistes. Matrícula de honor ha liderado la lucha contra el gotelé, la mesita lack de Ikea y las cortinas de viejo. Matrícula de honor es Batman por las noches.

Pero Matrícula de honor es algo irreal, es posible que no exista y debe ser el modelo a seguir de los sobresalientes y de los que aspiran a ser sobresalientes.

Y vosotros, ¿qué tipo de anfitrión sois?

En Trendencias Hombre | Protocolo del champán: cuándo, dónde y cómo servirlo

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