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El mundo de las tiendas de moda: los dependientes aduladores

El mundo de las tiendas de moda: los dependientes aduladores
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El mundo de las tiendas de moda es un universo paralelo al real en el que vivimos todos. Una vez que entras, la realidad cambia y pasas a formar parte de otras reglas, otro clima, otra situación y otras personas: los dependientes.

Este cambio de contexto tan radical es anunciado, habitualmente, por un fuerte fogonazo de aíre acondicionado que marca la entrada al nuevo mundo y dentro es donde te encuentras con los dependientes, las personas, que dicho de alguna manera, reinan en ese espacio cerrado que es una tienda.

Los hay, generalizando, de dos tipos: los dependientes aduladores y los dependientes bordes. Ambos son los extremos y como siempre, entre medias hay una gran amalgama de opciones, tantas como uno sea posible imaginar.

El mundo de las tiendas de moda: los dependientes aduladores II

En esta primera parte hablaré de los dependientes aduladores. Este tipo de dependiente es, bajo mi punto de vista y propia experiencia, el peor de todos, el que te incomoda nada más abrir la puerta de la tienda equis y del que sabes que no te vas a librar pese a que lo intentes por activa y por pasiva.

Nada más entrar en “su” tienda, los dependientes aduladores se te echarán encima. Las modalidades varían también en multitud, pero priman las caras de muñecos diabólicos en las que sólo ves una sonrisa endiablada que una persona normal es incapaz de tener, de oreja a oreja. Y al segundo, la mandíbula perfecta se abre y dice las palabras mágicas: “¿le puedo ayudar en algo?”. Huye, por tu bien, huye.

No hemos acabado de estar con todo el cuerpo en el interior de la tienda y ya sufrimos este acoso, puesto que a no ser que hayas hecho una visita previa y lo tengas todo muy claro, uno no va a una tienda de ropa a pedir el menú completo como se hace en el Burger King, todo de carrerilla. Antes hay que mirar, observar, pensarse si nos gusta o no nos gusta, y después si eso, probarnos la prenda elegida.

Ahí es cuando el dependiente cumpliría su cometido con dicha pregunta a la perfección: sólo si no hemos encontrado la prenda, el color, o cualquier otra característica que queramos añadir. Sólo en ese momento, y no antes.

Los dependientes aduladores en algunos casos intentarán venderte un producto ante todo. Hechos reales: nada más entrar en una tienda, una mujer nos dice: “¿te puedo ayudar en algo? Tenemos unos pantalones magníficos”. Sin haber entrado en la tienda y ya tenía unos pantalones adjudicados por la dependienta, a lo que cogí, y me fui diciendo “gracias, no estoy interesado”.

Otro de los hábitos de un dependiente adulador es seguirte hasta el fin del mundo. Por lejos que vayas, ahí estará, con su sonrisa diabólica, con su rostro sonriente demostrando que le importas; algo que tanto él como tú sabéis que no es cierto, ni tú le conoces, ni él a ti.

El mundo de las tiendas de moda: los dependientes aduladores III

Partimos de la hipótesis que no has podido huir al escuchar la primera pregunta y que ya estás dentro de la tienda mirando la ropa. Estás en la sección de pantalones, los cuales, por suerte, esta vez no te han dicho que son muy bonitos, y te vas a la de camisas, pues el dependiente adulador se irá contigo, quiere ser tu mejor amigo, el que no se separa de ti ni hasta cuando escoges la camisa hawaina de turno. ¿Aún no has huido?

Ante tal acoso, miras de reojo y ahí sigue, y seguirá ad eternum, es tu nueva sombra, sólo que ésta huele bien. Te sientes incómodo, no te atreves a rebuscar por el interior de la camisa que tenías delante para ver cuánto es su precio y así poder evaluar a cuánto estarán las otras prendas. Piensas qué pensará tu nueva sombra: que eres un tacaño, un agarrado, que eres el que ha venido a darle el día…

La talla es la tuya, la L, el color no te gusta, haces que te la pruebas por encima y te miras al espejo haciendo un poco el teatro de ver si te queda bien. Ahí es cuando tu nueva sombra volverá a atacar. Le has dado pie a entrar al juego y él lo hará. Te dirá que te queda genial, pese a que así no sea, que te resalta eso que nunca has sabido ni encontrar en el diccionario y que no hay otra mejor para ti.

Antes de que te quieras dar cuenta, tendrás la famosa camisa encima del mostrador de la caja de la tienda, la sonrisa diabólica tras ella y diciéndote su penúltima frase: “¿me enseña el DNI?”, puesto que pagas con tarjeta al ver en la caja el precio nada barato de la prenda.

Caja

Sin que te hayas dado cuenta, la envolvente está hecha. El dependiente adulador ha ganado una vez más a su cliente desprevenido y tú sales de la tienda, volviendo a mirar de reojo y captando la sonrisa diabólica que se abre por última vez para decirte su última frase: “¡Muchas gracias! Espero volver a verle”.

Conclusión: cuando veas una tienda de moda vacía, un dependiente que te pueda parecer que dé el perfil que ya hemos comentado, huye, no lo dudes, por tu salud, y por la de tu cartera, o si no acabarás cayendo en su red y llevándote a casa la camisa hawaiana de Miami Vice.

Fotos | Bowbrick, Lightsight, Bobasonic

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