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De Planes de Boda a Dallas Buyers Club: Matthew McConaughey, la pesadilla de DiCaprio

De Planes de Boda a Dallas Buyers Club: Matthew McConaughey, la pesadilla de DiCaprio
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La culpa de que Leonardo DiCaprio no tenga todavía un Oscar, le pese a quien le pese, no es de Matthew McConaughey, es de la Academia. Y hay que reconocer que pese a que los dos son grandes actorazos, Matthew McConaughey tiene la suerte de sufrir el síndrome Sandra Bullock, también conocido como el síndrome Reese Witherspoon: una enfermedad rara que se da muchísimo en Hollywood y que consiste en que si tú tienes una carrera cargada de bodrios pero de repente haces algún papel bueno, el Oscar te lo llevas fijo. Si por el contrario tienes una trayectoria impecable es muy difícil que te lleves la estatuilla a no ser que seas Meryl Streep, a la que le dan el Oscar por desayunar o ir a la compra (¡pero es que lo hace increíble!).

Así es Hollywood, hay que quererlo tal y como es. Pero permítanme decir que pese a que Matthew McConaughey ha sido protagonista de películas como Planes de Boda, Cómo perder a un chico en 10 días o una película rara donde se le aparecían fantasmas de sus novias este último año ha demostrado que (sorry, Leo) ¡es el mejor actor de Hollywood! Analizamos al texano que cuando salía con Penélope Cruz consiguió convertirla en Dolly Parton mientras él sujetada un palillo entre los labios y que hoy tiene un Oscar.

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Los grandes bodrios de Matthew McConaughey

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Matthew McCounaghey y su torso en uno de sus bodrios

Mientras que un jovencísimo Leonardo Dicaprio comenzaba a despuntar como actor en películas como "¿A quién ama Gilbert Grabe?" o "Titanic", Matthew McConaughey tenía otros trabajos en mente que le convirtieron durante más de una década en el novio de América. Algunos ya los hemos comentado: "Planes de Boda", junto con Jennifer Lopez haciendo de Jennifer Lopez o "Cómo perder a un chico en 10 días", dos absolutos taquillazos que hicieron que Matthew fuese nombrado "El hombre más sexy del año" y en fin, esa clase de premios menores que hacen que simplemente aparezcas con menos ropa en los carteles promocionales de tus películas.

Un ejemplo de esto es "Sahara", película donde compartió cartel con nuestra estrella más internacional: Penélope Cruz. Penélope y Matthew tenían una cosa en común y era liarse con cada compañero de reparto con el que trabajaban por aquella época, de modo que de este bodrio nació el amor. Matthew McConaughey ya era una de las caras más conocidas de Hollywood y no precisamente por interpretar papeles complicados. Mientras tanto Leonardo DiCaprio dejaba de ser el chico con el que todas forrábamos las carpetas para engordar y seguidamente para adelgazar y empezar a hacer grandes películas (vamos a hacer como que "La Playa" nunca existió).

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El novio de América

También compartió cartel con otra gran actriz que, contra todo pronóstico, no tiene todavía ningún Oscar: hablamos de Sarah Jessica Parker. Sí, de ella. Vamos a ver, Halle Berry tiene Oscar, no es algo tan descabellado. Protagonizó una entrañable película titulada "Novia por contrato" en la que pudimos ver por primera vez a Zooey Deschanel as herself, como en el resto de su carrera cinematográfica.

Un Matthew McConaughey ya maduro seguía sin evolucionar: apareciendo en el año 2009 en la película "Los fantasmas de mis ex novias". Nadie daba un duro por el pobre Matthew viendo su torso aceitoso en Magic Mike. Empezábamos a pensar que el chico dejaría de aparecer en nuestras pantallas en cuanto engordase un poco o se quedara calvo pero de pronto, como si de una Julia Roberts se tratase, llegamos al Matthew McConaughey actual.

La carrera hacia el Oscar: la impecabilidad de Matthew McConaughey

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Y de pronto, llegó la magia. No sabemos muy bien cómo pero Matthew McConaughey se despertó un día, cansado de ser tan guapo y empezó a aceptar grandes papeles. Dejó a un lado las comedias románticas y a un montón de chicas en pijama con un Häagen-Dazs en la mano sin saber qué ver un sábado noche para meterse en la piel de "Mud", un hombre con un oscuro pasado oculto en una isla.

"Puede ser un engaño", pensamos todos. Podía ser flor de un día, pero McConaughey llegaba dispuesto a comerse Hollywood y lo demostró con su papel en "Dallas Buyers Club" para el que estuvo comiendo apio y agua y adelgazó no se cuantos kilos para interpretar a un enfermo de SIDA. Y ya sabéis que en Hollywood si adelgazas o cambias muchísimo tu físico para un papel es muy probable que te lleves un Oscar, como ha sido el caso. También cuando interpretas a un enfermo mental, a un loco o a un hombre poderoso y atormentado como ha hecho Leonardo DiCaprio toda la vida pero parece ser que en la Academia deciden no ver ninguna película que él protagonice. Debe existir un filtro anti DiCaprio.

Pero sigamos hablando de McConaughey, que también tiene un pequeño papel en "El lobo de Wall Street". Tan pequeño que debe durar únicamente diez minutos dentro de una película de tres horas y donde sin embargo, en esa escena y sólo en esa escena, se come al mismísimo Dicaprio.

Ni un día sin McConaughey

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Después de verle tan soberbio en todos estos papeles comencé una política llamada "Ni un día sin McConaughey" y empecé a ver "True Detective", la serie de la HBO de la que todo el mundo estaba hablando de una manera muy pedante diciendo cosas como "el plano secuencia" o "el maravilloso guion". De la noche a la mañana me convertí en una fan absoluta de la serie y comencé a hablar de ella como todos y cada uno de los pedantes anteriores, pero es que chicos, qué pasada el plano secuencia del cuarto capítulo, que maravilla de guion, qué intensidad de historia y cómo está Matthew McConaughey, quien además es productor ejecutivo de la misma.

En definitiva, un Oscar merecidísimo a este actor de comedias románticas reconvertido que ha conseguido hacerse respetar en la industria de Hollywood. Y tranquilo Leo, tu momento llegará, estoy segura, te lo mereces, mientras tanto puedes llorar en tu yate mientras te acuestas con supermodelos. Si lo piensas fríamente, tampoco está tan mal.

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