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Moda de cine: 'El talento de Mr. Ripley'

Moda de cine: 'El talento de Mr. Ripley'
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Cine y moda conforman un dueto de altura, siempre apetecible. Os llevamos al bellísimo pueblecito de Mongibello y de ahí a Roma, città aperta, el marco incomparable de El Talento de Mr. Ripley. La película del celebrado Anthony Minghella destacó a finales de los 90 por un reparto brillante, una trama policial y romántica llena de matices y, desde luego, por la elegancia del vestuario masculino.

Si habéis visto la cinta, quizá no hayáis reparado en que es una prenda el desencadenante de toda la trama: al principio, Tom Ripley pide prestada una americana de Princeton para tocar el piano en una fiesta al aire libre, lo que le permitirá fingir que estudió en la prestigiosa universidad y viajar a Italia para convencer al disoluto Dickie, supuesto compañero de pupitre, de que regrese al nido familiar.

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El ambiente original de la película es preppy, high class: veladas en terrazas exclusivas, encuentros filantrópicos, noches de ópera en las que la etiqueta manda impecables trajes de chaqueta exclusivamente en color negro, camisa blanca y pajarita, al estilo del mejor Tom Ford; o Tommy Hilfiger y Burberry Prorsum para las jornadas más relajadas del día posterior a los eventos sociales, en los que la blazer de pana como statement intelectual constituía un must.

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La sofisticación continuará durante todo el metraje, el ambiente elitista es un personaje más de la historia, pero con el traslado de la acción a la costa italiana las camisas se desabrochan, los tejidos son más frescos y los looks se relajan. Se imponen las camisas abiertas en colores pastel, camisetas navy de Rag & Bone, cómodos chinos de firmas como Prada o Daniel Cremieux, bermudas en blanco roto, náuticos como los de French Connection o Sperry y parkas con el tradicional (y muy reivindicable) botón de cuerno para salir a navegar.

El personaje interpretado por Jude Law es un perfecto dandy, aficionado a los bañadores con estampados, corbatas de seda a rayas como las de Purificación García, las joyas masculinas (su anillo de oro también resulta clave en la película), los pañuelos atados al cuello o fulares Hermès con mucho colorido y los cinturones de piel trenzada al estilo de Salvatore Ferragamo. Los borsalinos son también una seña de identidad.

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Tom Ripley, al que pone buena percha Matt Damon, convierte los trajes de chaqueta en una herramienta más durante su transformación: necesita afianzar el personaje que ha creado a través de la ropa. Los usa durante el día en colores crema, marrón, beis, ocre, únicamente con buenísimas camisas blancas Gant o con jerséis de punto de cuello vuelto. En Guess by Marciano encontraréis trajes en tonos tostados y tabaco perfectos para el verano.

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El complemento fetiche de Ripley son sus gafas de vista, en carey y aún hoy stylish. Si os apetece emular al personaje creado por Patricia Highsmith, Oliver Peoples tiene una buena colección, con Devendra Banhart como protagonista de la campaña de promoción. Si vivís en Madrid os recomendamos la óptica Alohe, con modelos exclusivos, retro y muy atractivos traídos desde ciudades como París y Nueva York.

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