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El podólogo, ese amigo

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Entre nuestras rutinas higiénicas y cosméticas debemos incluir las visitas al podólogo, aunque sea como mínimo una vez al año. ¡Qué mejor momento ahora que estamos a punto de desprendernos de los calcetines por unos meses!

Tenemos asociado la idea de que los podólogos o callistas están reservados para las personas mayores, pero nada más lejos de la realidad. Se encargan de las enfermedades y alteraciones que afectan al pie: desde uñas encarnadas hasta durezas o callos.

Las durezas además de ser muy incómodas y anti estéticas, nos perjudican a la hora de andar ya que no podemos apoyar el pie adecuadamente. Así acabamos pisando mal y se puede deformar incluso.

Lo mismo ocurre con los callos, que además duelen. A la mínima molestia debéis visitar al podólogo, sin esperar a que duela mucho. Un simple callo no cogido a tiempo puede convertirse en un juanete o algo peor, por lo que no demoréis la visita a este profesional.

También nos orientará sobre qué calzado es más adecuado, que siempre son compatibles con las modas. Sólo hay que vigilar que el pie no sufra rozaduras ni desplazamientos y podamos apoyar correctamente. También nos aconsejará sobre qué calcetines debemos usar, olvidando las fibras sintéticas y apostando por el algodón.

Foto | raulsantosdelacamara En Mensencia | Pies impecables para este verano

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