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Grasa, sebo, lípidos. En Mensencia, hemos hablado mucho de estos términos tan utilizados en cosmética pero no quisiera que alguno se haga un lío. A veces utilizamos la palabra grasa demasiado genéricamente y no estaría mal que explicáramos la diferencia entre grasa y lípidos.

Son términos que interesan especialmente a quien tenga la piel grasa o con tendencia grasa. Hablamos también contínuamente del exceso de sebo, esa pesadilla de brillo y sesación de suciedad tan desagradable. Vamos a poner un poco de orden.

Los lípidos son componentes grasos que produce la misma piel en la capa córnea (en la foto, “estrat corni”). Y menos mal que los tenemos porque son el material de relleno entre las células. Gracias a ellos se mantienen compactas y ayudan a la función barrera de la piel.

Al rellenar el espacio intercelular, retienen el agua en la piel. Del exterior, marcan la frontera a elementos irritantes y bacterias que nada positivo iban a aportar. Cuando el nivel de estos lípidos naturales es insuficiente, empiezan los problemas de sequedad.

La grasa. Tiene que ver con el sebo o, mejor dicho, con su exceso. El sebo es lo que producen las glándulas sebáceas. Están localizadas en un lugar más profundo de la piel, en la dermis, apartado de la capa cornea de la que hablamos con los lípidos. Ni es lo mismo ni está en el mismo lugar: fijaos en la foto.

Hasta aquí, tampoco podemos hablar de grasa de la manera en la que solemos hablar de ella. Cuando el sebo es segregado por la glándula, sube por el conducto hasta el poro que le deja paso para que campe a sus anchas en la superficie de la piel.

Es el exceso del sebo o sebum lo que nosotros entendemos como grasa, el cual sólo nos trae problemas. Y al que intentamos mantener a raya y que baje el nivel de segregación con cosmética reguladora.

Foto | Wikimedia Commons
En Mensencia | La Crème Purifiante de Payot regula el exceso de sebo de tu piel, El aceite de jojoba es ideal para las pieles grasas

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