
Antes de empezar con este post que como habréis comprendido está orientado a la pérdida de grasa, tonificación y definición teniendo en cuenta el apartado nutricional, tenemos que dejar bien claro que esto solo es una de las tres partes del proyecto “puesta a punto” del verano. La dieta tiene que ir siempre acompañada de una dosis de deporte así como de un estilo de vida saludable si queremos resultados visibles y duraderos. De nada nos ayuda dejar de comer o estar en ayunas si nos pasamos todo el día sentados en el sillón o si después de torturarnos con la comida toda la semana, llegamos al sábado y lo echamos todo a perder por culpa del alcohol. Así que todo lo que aquí se explique deberá acompañarse de los ejercicios y rutinas que os estamos proponiendo en Mensencia, unido a un estilo de vida saludable así como unos buenos hábitos a la hora de realizarlos.
Y aunque no lo parezca, la dieta es una de las claves fundamentales de todo régimen que se precie. Principalmente tiene que cumplir dos requisitos que son: por un lado, evitar que cojamos los kilos que perdemos durante nuestra fase de entrenamiento (o perderlos si así está orientada la rutina) a base de ejercicios cardiovasculares o tonificación muscular por ejercicios con pesas y mancuernas, y por otro lado proporcionar al organismo los nutrientes, vitaminas y reservas necesarios para poder sobrevivir sin poner en peligro nuestra salud, integridad física y sobre todo permitiéndonos estar con la suficiente energía como para continuar con nuestro propósito.

Existen multitud de dietas en el mercado y todas ellas, siempre y cuando su resultado haya sido comprobado y visto que no es perjudicial, serán efectivas en determinados grupos de personas mientras que en otros lo sean menos. Las dietas han de ajustarse a las personas y no al revés. Para ello será necesario valorar que actividad física realizamos a lo largo del día ya sea por motivos laborales o desplazamiento. Deberemos cubrir el aporte energético mínimo para que ésta no interfiera en nuestro ritmo de vida normal.
Además, las ingestas como muchas veces os habrán dicho, tienen que dosificarse en 5 tomas como mínimo: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena, siendo el desayuno y la merienda las más fuertes de las dos por ser la primera comida del día y posiblemente para muchos la que hagamos después del entrenar respectivamente. Mejor comer poco y muchas veces que mucho y una sola vez. Con esto lograremos “engañar” a nuestro espíritu insaciable y además aumentaremos el metabolismo, permitiéndonos quemar más calorías en los momentos en los que no estemos realizando ejercicio.
Y por supuesto, desconfiar de aquellas dietas disociadas que no cubren la mayor parte de los alimentos o que se basan en la ingesta de un determinado grupo de alimentos (carbohidratos, proteínas…) su funcionamiento y eficacia sigue en tela de juicio a día de hoy y no funcionan a todos por igual, siendo lo único que no distingue entre personas el precio que llegan a cobrar determinadas agencias que se dedican a supervisar y controlar la evolución de las mismas.

No vamos a hablar de ninguna dieta en particular, sino sencillos consejos que seguir para la dieta que escojamos (existen infinidad de ellas en el mercado o si no podréis acudir a un nutricionista o un endocrino si el asunto requiere de mayor profesionalidad). Pero existen unos patrones más o menos claros.
Por lo general, la ingesta de carbohidratos la destinaremos a la mañana. Este tipo de calorías se pueden quemar durante nuestro día a día para proporcionarnos la energía necesaria. Además será a primera hora cuando necesitemos recargar nuestra batería para soportar el día entero. Por lo general huiremos de la bollería industrial (fuente inagotable de grasas trans) galletas rellenar, margarinas o frituras (bacon, huevos…) e intentaremos introducir fruta (a ser posible lo primero para que nos sacie), zumos, café, pan natural con tomate y aceite, cereales (trigo o cebada) etc…
Los almuerzos más de lo mismo: recurriremos a pechuga de pavo, vegetales, sándwiches para aglomerar los anteriores y sobre todo muchos líquidos entre cada comida y durante la misma. A la hora de comer, evitaremos las grasas y las frituras y apostaremos por los cocidos, tratados a la plancha, al horno o crudos si se puede. Las carnes magras mucho mejor que las que no lo son (conejo, pollo, caballo…) y verdura de primer plato (evitaremos el uso excesivo de aceites, ya sea para rehogar o para aliñar). Algunos prefieren introducir la fruta en primer lugar para saciar y poder controlar mejor el apetito (dentro de la frutas evitaremos los plátanos, uvas, higos, melón, mango…)
Por el contrario, la merienda y la cena deberán ser más ligeras en especial esta última. Si merendamos después de entrenar podremos tomarnos batidos proteicos pues será mucho más fácil asimilarlas así como multivitamínicos o energéticos (plátanos, galletas y frutos secos) siempre y cuando estén en su justa medida.
La cena a base de pescados (hervidos), sopas, ensaladas e intentado evitar la ingesta de carbohidratos pues mientras dormimos no tendremos posibilidad de quemarlos y se almacenarán como reservas alimenticias además de que nos proporcionarán un sueño más pesado. De igual forma no conviene acostarse nada más cenar y si podemos esperar media hora antes de meternos en la cama, mejor que mejor.

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