Cuidado con los espejos de los gimnasios, que engañan más de lo que quisiéramos

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Parece que se trata de una leyenda urbana sin sentido pero lejos de ser así, se trata de una estrategia de marketing y venta muy bien pensada e ideada para todos aquellos que de alguna forma u otra acudimos al gimnasio para modificar nuestro físico. Y que mejor forma (aunque ya veremos que no es así) de comprobar los resultados de nuestro entrenamiento que tanto sudor y lágrimas no está costando, que mirarnos en un espejo para ver si los efectos se hacen visibles y apetecibles. Pues bien, a partir de ahora mucho cuidado con esto.

Es lógico pensar que una persona que acuda a un gimnasio a mantenerse en forma, si siempre que llega y se mira al espejo se ve más definido, con más volumen o más delgado, piense que su entrenamiento esta dando resultado y que el esfuerzo merece la pena además de asociar inherentemente esa idea con la de que el gimnasio es partícipe de nuestra mejoría, por lo que las ganas de acudir a él se ven incrementadas que es lo que el centro busca.

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Si por el contrario nos viésemos más gordos, menos definidos o con un volumen superior al deseado, pensaríamos que o bien nuestro entrenador no está haciendo su trabajo, o bien que la rutina no está hecha para nosotros o en el peor de los casos que lo nuestro no tiene solución y que ir al gimnasio no es sino una pérdida de tiempo innecesaria además de un gasto que no reporta ningún beneficio en nosotros a parte del hecho de que podamos hacer nuevas amistades allí dentro.

Por ello, los espejos se trucan para que nos veamos como en el fondo queremos vernos. Eso sí, cada espejo actuará de manera diferente según en la sala en la que se encuentre, pues no acuden las mismas personas con los mismos fines a una clase de spinning que a la sala de musculación. De ahí que en la sala de pesas los espejos muestran cuerpos más voluminosos, tonificados e incluso definidos, mientras que en la sala de aeróbic, mantenimiento o cardio se usan espejos que muestren cuerpos más esbeltos, finos y con mejor silueta.

Si a eso le sumamos el efecto que crean las luces y las sombras sobre nuestro cuerpo que definen y perfilan más aun nuestro físico, nos damos cuenta de que todo está estratégicamente pensado para que el gimnasio se convierta (no todos, que no hay que generalizar) en un santuario de culto al cuerpo en el que nosotros nos encontramos perfectamente a gusto y en el que nuestro esfuerzo es acorde a los resultados que aparentemente estamos obteniendo.

La clave es sencilla: los espejos pueden engañar pero las cintas métricas (y en definitiva los números) nunca lo hacen, así que ante la duda, medirnos el torso, los brazos o las piernas puede ser determinante para ver si nuestra mejoría es real o ficticia, así como situarse delante de un espejo y moverse hacia delante y atrás para ver si la imagen se distorsiona. Si es así, yo sospecharía de que igual no todo lo que reluce es oro…

En Vitónica | Los espejos trucados de los gimnasios
Foto | 56027440@N07, shawnhenning

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